Omar Hassaan Fariñas

Entre el 20 de enero y mediados de marzo de 2025, apenas dos meses, hemos observado las lamentaciones de los líderes de la Unión Europea y los líderes del partido demócrata en Estados Unidos por las acciones del Señor Trump, perpetrando supuestamente “barbaridades” en la política internacional de Estados Unidos.
En sus desesperaciones, estos están armando escándalos sobre la “subordinación” del Señor Trump al Presidente Putin, llegando hasta indicar que el Magnate estadounidense es un “agente” del Kremlin, y se han reducido a berrinches y ataques de histeria, la misma gente que en el pasado habían criticado a los del Sur Global, cuando estos últimos se quejaban de las acciones destructivas de Washington.
El primer problema es la ausencia de un liderazgo fuerte y claro por parte de los demócratas y la Unión Europea. Los demócratas recibieron un golpe bastante fuerte con los resultados de las elecciones en noviembre de 2024, quedando sin líderes o sin seguidores, aparentemente, mientras que los europeos están un poco peor (tendremos que ver cómo será Friedrich Merz).
El contraste es en realidad bastante doloroso, entre la manifiesta e inocultable debilidad de estos líderes, y el firme y fuerte liderazgo de figuras que ellos tanto detestan, como Vladimir Putin, Xi Jinping, Recep Erdogan, Ayatolá Ali Jamenei, o, incluso hasta Nicolás Maduro.
En segundo lugar, el asunto no se trata de que el Señor Trump sea un “agente” del Kremlin. En vez, debemos tratar de observar detenidamente y con una óptica crítica, las realidades en el terreno. No preguntamos, ¿cómo fue que finalizó la última guerra gringa y de la OTAN, la de 20 años en Afganistán? Las imágenes de gente cayéndose de los trenes de aterrizaje de los aviones saliendo bajo un caos total del aeropuerto de Kabul, siempre serán el mejor testamento de cómo Estados Unidos perdió catastróficamente esa última guerra. Bajo ninguna circunstancia, el Señor Trump desea ser otro presidente más que asuma otra vergonzosa derrota estadounidense, en otra lamentable aventura que en este momento se encuentra catastróficamente mal.
El Señor Biden y su banda de amigos europeos en la OTAN iniciaron esta guerra al pretender “acorralar” a los rusos con más expansiones de la OTAN, y el empleo como carne de cañón a los países ex – soviéticos, para asediar e intimidar a Moscú. Nunca entendieron que ya no es Yeltsin el que está en el Kremlin. El propósito era sacar a Moscú del mapa geopolítico, para después ver qué hacer con el gigante asiático, el verdadero problema de los gringos. Lamentablemente para el titiritero de la OTAN y sus marionetas, el proyecto les salió bastante mal, y los rusos ni colapsaron económicamente, ni se aislaron internacionalmente, ni fueron derrotados militarmente.
Luego, entra al escenario el Señor Trump. El Magnate gringo no quiere asumir la ya muy evidente derrota, la que no se puede revertir. En vez, quiere “darle la vuelta” – hacer un “spin the situation”, como dicen los gringos – para en vez de asumir esta, ser quien supuestamente finalice la guerra, dejando el tema de quien fue derrotado al Señor Biden y los globalistas europeos. En pocas palabras, hay un “cadáver” que está a punto de “flotar”, y todo el mundo quiere “echar el muerto” al otro, y limpiarse las manos del desastre.
Por otro lado, el propio Señor Putin le complica a todos el juego de “echarle el muerto al otro”, al ser el único verdadero actor que efectivamente le está poniendo fin a la guerra, a través del método más contundente que existe: la fuerza militar. El supuesto “as bajo la manga” de los ucranianos, era el de crear un espectáculo con una efímera ocupación de Kursk, pero ya el Kremlin está por exterminar la presencia ucraniana en esa región, luego de la brillante operación rusa, empleando los gasoductos que los propios ucranianos habían cerrado para “castigar” a Rusia, como elemento para neutralizar a estos mismos.
Justo por eso, el Señor Trump no tiene mucho tiempo, pues tiene que finalizar la guerra antes de que el Señor Putin la finalice él mismo, y ahí sí que el Magnate no podrá alegar ser el “Bróker” de la paz en Europa. El Señor Zelensky, los llorones en la Unión Europea y los amargados demócratas saben muy bien que más allá de las acusaciones de “agente del Kremlin”, el verdadero asunto es a quién le tocará quedarse con este muerto – la derrota contra Rusia – y naturalmente, nadie quiere ese cadáver.
El Señor Trump necesita cerrar el tema de Ucrania lo suficientemente temprano como para poder alegar que Estados Unidos no perdió la guerra, sino que fue él quien la “cerró”. La culpa de todo este desastre la tendrá el Señor Biden (lo cual es correcto) y los seguidores arrastrados de este (lo cual es igualmente correcto). No hay que preocuparse con la molestia de los europeos del momento, esos dejarán de ladrar y pretender ser “autónomos”, cuando el macho alfa de la manada los regañe de nuevo.
No obstante, son acciones como las de los comandos rusos, saliendo de los gaseoductos para asediar y neutralizar a los ucranianos, las que efectivamente determinan – en última instancia – las acciones y las posturas de todos los demás, incluyendo las de Bruselas y las de Washington, más allá de los berrinches del Señor Trump, y las lágrimas de los europeos. En este sentido, ni Biden, ni Trump ni los llorones europeos ganaron. Los únicos ganadores son los mismos pueblos y soldados antifascistas que derrotaron hace más de siete décadas, a la maligna maquinaria de la muerte nazi, durante la Segunda Guerra Mundial.
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