Las Jeremiadas Europeas y la Muerte de las Narrativas Occidentales
- khosomoso

- Jan 1
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Las Jeremiadas Europeas y la Muerte de las Narrativas Occidentales
Omar Hassaan Fariñas

El mundo está cambiando, más rápido que en cualquier otro momento del pasado. Ya las reglas no se respetan, ya las ideas no se difunden, ya no se actúa en base al derecho (doméstico o internacional), los discursos no convencen y aglutinan apoyo, ya que poseen una cantidad inédita de mentiras, contradicciones, irracionalidades y barbaridades. En vez, la fuerza explica todo, justifica todo, permite todo, e incluso hasta bendice todo. Palabras como la “ética” y la “moral” en las políticas nacionales e internacionales, genuinamente generan burlas y lástimas por la ingenuidad de las personas que aún emplean estos desgastados términos. Nos estamos retirando del derecho internacional, para regresar a la imposición de la fuerza y la “ley de la selva”.
Esto es lo que escuchamos diariamente de los líderes de la Unión Europea. Estas jeremiadas de dolor y lamentación por el fin de los “buenos tiempos”, no se lograban escuchar antes de la guerra entre la OTAN y Rusia sobre Ucrania, y antes del retorno del Señor Trump. Antes de estos sucesos, como por ejemplo cuando Estados Unidos invadió a Mesopotamia con el explicito propósito de robar sus recursos naturales y desestabilizar la región del Medio Oriente, o cuando le otorgaron la independencia a Kosovo de manera que viola el derecho internacional (pero se la negaron a Catalunya y a Georgia), las jeremiadas europeas sobre el fin de la “civilización” y el regreso a la “selva”, no se escuchaban en el Viejo Continente.
Ahora, las llantos europeos por la pérdida de la “civilización”, son recurrentes por dos simples razones: El objetivo de arrastrar a Moscú a una “trampa al estilo Afganistán” en Ucrania, desangrarla sobre ese país y hacer implosionar su economía con unas 23.960 “sanciones” (medidas coercitivas), está bastante lejos de lograrse. La segunda razón es el inédito nivel de hostilidad y agresividad que demuestra el Señor Trump hacia todo lo europeo, salvo los partidos de extrema derecha de ese continente. La hipocresía de los europeos, sus dobles posturas a lo largo de los últimos treinta años, en realidad no ayudan a que uno en el Sur Global pueda “derramar lágrimas” por sus sufrimientos del momento.
A pesar de que nadie racional y consciente de la historia puede sentir lástima por gente que solo ahora está tragando forzadamente el mismo amargo veneno que ellos les dieron a los países del Sur Global, en realidad, lo indicado en el primer párrafo de este breve texto, es totalmente correcto. El derecho internacional está agonizando, y la piratería y el atraco en el alta mar están de moda, en el mundo actual. Más allá de los llantos y los berrinches de los europeos, sí existen quienes están destruyendo el derecho internacional, colocando en la basura todo lo que se había acordado en los últimos 300 años de relaciones internacionales y las normas que rigen el comportamiento entro los Estados Soberanos, a favor del uso de la fuerza para el robo, el hurto y el dominio.
En la cima de una lista bastante corta de quienes están en este proceso de destrucción de leyes e instituciones internacionales, se encuentra, naturalmente, la administración política del Señor Trump. Entre hurtar petroleros en la altamar y gritar “¡dame Groenlandia!”, tenemos todas las evidencias necesarias para confirmar esta última afirmación.
Pero la razón de este nuevo estado de las cosas no es el Señor Trump, ni su megalomanía, aunque esta última suele exacerbar todo lo negativo en este mundo. La motivación de abandonar el sistema internacional, con sus reglas, instituciones, normas y prácticas, a favor del uso de la fuerza, la piratería y los atracos, es el declive del poder de Estados Unidos, y el surgimiento de alternativas a una “unipolaridad” que, o nunca existió, o fue fugaz y limitada, en su sentido temporal. El sistema internacional de la pos-Guerra (1945) fue creado por Washington, para institucionalizar su poder, sin la constante necesidad de invadir a cada país y saquear sus recursos, a través de la piratería y el atraco a manos armadas. Su diseño se ajustaba a una realidad “bipolar”, hasta que la Unión Soviética, o sea derrotada, o que colapse, como efectivamente fue el caso. Luego, el sistema continuaría, pero ahora con su característica unipolar.
Este sistema nunca fue diseñado para cumplir eficazmente con sus objetivos – dominación a lo barato y sin muchas guerras – bajo un arreglo multipolar, y mucho menos con potencias ajenas que ofrecen una “alternativa”, por más reducida e incoherente que sea en la actualidad, al “modus operandi” del sistema occidental. El sistema internacional pos-guerra fue diseñado específicamente para proteger y fomentar la unipolaridad del autor original de este, Estados Unidos. No hay espacios para “alternativas” en ese sistema, como lo indicaba la “Dama de Hiero”, la Baronesa Thatcher: “No hay Alternativas” (TINA, por sus siglas en inglés).
Pero el declive de la potencia autora del sistema actual, y el auge de otras potencias, hace que el sistema no puede producir los resultados esperados, ya que uno de los mecanismos esenciales de este sistema, es la capacidad de generar narrativas que, por más contradictorias o falsas que sean, sean “absorbidas” por la “comunidad internacional”, y sean el punto de partida de los asuntos de la agenda internacional.
Ahora, con la “muerte” de las narrativas occidentales, con el desgaste de su capacidad para que estas entren en circulación mundial y expliquen, justifiquen y galvanicen las posturas sobre cualquier tema de la agenda mundial, pues, ¿qué más le queda a Estados Unidos, que la fuerza “bruta”, la piratería y el hurto? Por eso vemos al pirata y saqueador de la Casa Blanca, robando petróleo, “cerrando” espacios aéreos, imponiendo bloqueos marítimos que violan prácticas que existen desde hace más de 200 años, y mendingando tierras y minerales raros del resto del mundo. Es la geopolítica que combina la avaricia ilimitada, con la pobreza de recursos naturales, y la otra pobreza, la del espíritu y la mente.





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