Occidente Habla, y el Derecho Internacional Muere
- khosomoso

- Feb 15
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Occidente Habla, y el Derecho Internacional Muere
Omar Hassaan Fariñas

"Sabíamos que la historia del orden mundial basado en normas internacionales era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximían cuando les convenía, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica … Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor, según la identidad del acusado o la víctima. Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuyó a proporcionar bienes públicos…Así que colocamos el cartel en la ventana. Participamos en los rituales y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Esto ya no funciona. Seamos directos: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. Las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, y las infraestructuras financieras como coerción. No se puede vivir con la mentira del beneficio mutuo mediante la integración, cuando esta se convierte en la fuente de la subordinación".
- Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, durante su intervención en la ciudad de Davos, en Suiza - enero de 2026.
“El Presidente Trump ordenó a la tesorería a colocar la máxima presión posible contra Irán, y esto funcionó, porque en diciembre (de 2025) su economía colapsó. Vimos cómo uno de sus bancos principales declarar la bancarrota, y el Banco Central empezó a imprimir más dinero, hay una falta de dólares (divisas), por lo cual no pueden adquirir importaciones, y es precisamente por esta razón que la gente salió a las calles. Esto es el arte de gobernar en lo económico, no se tuvo que disparar, y las cosas van de manera muy positiva allá (en Irán).”
- Scott Bessent, Secretario de la Tesorería estadounidense, durante una entrevista en Davos, Suiza - enero de 2026.
“Estamos con ustedes. No solo a distancia y verbalmente. Estamos con ustedes en el terreno.”
-Cuenta oficial en el idioma iraní en Twitter del Moasad (Inteligencia de la Entidad Genocida) - 29 de diciembre de 2025.
“Cuando atacamos en Irán durante la Operación León Ascendente, estábamos en su territorio y sabíamos cómo preparar el terreno para un ataque. Les aseguro que tenemos a algunos de nuestros hombres operando allí ahora mismo.”
-Amichai Eliyahu, ministro de Patrimonio de extrema derecha de la entidad genocida, en una entrevista de Radio - 12 de enero de 2026.
Las citas arriba son una pequeña muestra de cómo el mundo occidental y sus aliados hablan, se remueven las máscaras, y se sinceran sobre las malicias que han creado en contra de los pueblos del Sur Global, solo por ejercer el dominio y saquear sus riquezas. Recientemente, la República Islámica de Irán vivió agresiones inducidas por potencias foráneas, idénticas a la “Arrechera” y la “Salida” que sufrió Venezuela, años antes. Las citas dejan claro la autoría del sionismo y los occidentales, en esta última oleada sangriente que dejó más de 3.000 muertos.
El Señor Carney dice por primera vez y de manera abierta, lo que los pueblos y líderes del Sur Global ya tienen décadas indicando. Cuando el canadiense dice “han puesto de manifiesto los riesgos de una integración global extrema. Las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica como arma”, en realidad solo señala las causas de grandes rebeliones del Sur Global, como la del Caracazo de febrero de 1989, la Rebelión del 4 de febrero de 1992, y el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de 1994 en México, entre otras. El Señor Carney solo se retrasó unos 37 años en decirlo. Lo felicitamos por compartir con nosotros la secreta “receta” para preparar el “agua tibia”.
Muchos comentaristas occidentales han expresado su admiración por el “coraje” del líder canadiense, al decir en público lo que el Sur Global ya tiene décadas diciendo. Pero me pregunto, ¿No fue Canadá, y específicamente el Partido Liberal del propio Señor Carney, quienes condenaron y “sancionaron” a Venezuela cuando el pueblo enfrentaba la furia de las guarimbas? ¿No fueron estos anglosajones quienes mantuvieron silencio total cuando los gobiernos de derecha en Ecuador, Chile y Perú asesinaban a sus propios manifestantes? ¿No fueron estos quienes trataron de negar la legitimidad del Presidente Maduro y las elecciones venezolanas del 2018 y del 2024, pero ahora quedan mudos sobre la el fraude electoral masivo perpetrado por el cartel de drogas conocido como el “Partido Nacional” en Honduras?
Un estimado hermano y amigo aquí en Caracas, al ver estas declaraciones occidentales y sionistas, me informa muy acertadamente que “lo que pasa es que hay tanta gente que no entiende o no quiere entender lo que dicen (los occidentales)”. Totalmente de acuerdo con el estimado hermano, pero es un asunto de no querer, más que de no poder. Se trata de pura geopolítica y poder de los pocos, empaquetado en discursos ideológicos intransigentes y contradictorios, preparados para el consumo de muchos. Como es un paquete “fácil” de digerir, prefieren insistir en este, a tener que reflexionar y aceptar que fueron engañados y manipulados.
Ahora bien, el mismo hermano señalado arriba, organizó un excelente evento en la ciudad de Caracas el 16 de enero de 2026, denominado “Encuentro de la Red de Juristas por la Liberación del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama Cilia Flores”. En este, escuchamos muchas ponencias brillantes, particularmente la del Canciller Yván Gil y el Procurador General de la República, Reinaldo Muñoz. Pero de particular interés para quien suscribe fue la ponencia del Fiscal General de la República, Tarek William Saab, quien indicó que el secuestro del Presidente Maduro y la Diputada Flores, y la masacre perpetrada por los mercenarios estadounidenses, fueron severos golpes mortales al derecho internacional.
Sin duda alguna, las acciones del Señor Trump en contra de Venezuela, su población, sus instituciones y los dos representantes electos por el pueblo – un Presidente de la República y una Diputada de la Asamblea Nacional – son una de las más atroces violaciones recientes del derecho internacional, superadas en barbaría solamente por el Holocausto en Gaza. El criminal responsable de esta agresión contra la Patria, naturalmente, es el Señor Trump.
No obstante, y detesto dar la impresión que lo estoy defendiendo, el Señor Trump no actuó desde un vació, pues muchos han preparado el camino para estas acciones que ahora se las atribuyen solo a él. El Señor Trump no es el artífice del desmantelamiento del orden global posguerra, ni tampoco el “destructor” del derecho internacional. Simplemente, él sigue y amplifica un patrón de comportamiento y destrucción de la multilateralidad internacional, el cual ya fue establecido décadas antes, por su propio país, y con apoyo irrestricto de los europeos.
La destrucción del multilateralismo, la instrumentalización política de las organizaciones internacionales y el desgaste del derecho internacional no son “actos”, sino procesos. No poseen una autoría individual, sino una acumulación de malas prácticas, de sesgos personales, de avaricias por el poder y las riquezas de los otros, y suelen ser productos de luchas titánicas entre rivales geopolíticos, y por la pésima combinación entre querer el poder y las riquezas, pero también querer pretender que son “morales”, “justos” y “correctos”, lejos de serlo.
La destrucción del derecho internacional y el orden global posguerra no posee una fecha de inicio, sino una serie de “hitos”, que van acumulándose hasta llegar al momento en el cual la masacre de una población civil para secuestrar a un Presidente y una Legisladora nacional, se hace “natural” y “tolerable”. Entre estos “hitos”, tenemos la invasión ilegal de Estados Unidos a Irak, en el 2003; las masacres sionistas en el Líbano y en Gaza antes del 2023, como también la “independencia” de Kosovo en el 2008, impuesta por los occidentales, pero negada a zonas como Abjasia y Osetia en Georgia, y Catalunya en España.
El derecho internacional dejó de funcionar adecuadamente, cuando se alegó que las medidas coercitivas unilaterales son “legales” y “aplicables”, incluso hasta pueden ser utilizadas para extorsionar y amenazar a terceros, para obligarlos a que cumplan con imposiciones de un grupo minúsculo de países, que tratan de destruir a otros países (Venezuela, Irán), simplemente porque estos no son parte de sus “órbitas” geopolíticas.
El multilateralismo fue debilitado severamente cuando los países occidentales sermonearon durante casi un siglo a América Latina y África sobre la necesidad de “liberar” los mercados, impusieron acuerdos de “libre comercio” e insistieron en remover las barreras arancelarias, para después, cuando surgen potencias económicas no-occidentales como China e India, estos mismos “bastiones” del “libre comercio”, empezaron a imponer barreras y aranceles contra los imparables del Sur Global. El derecho internacional fue severamente golpeado cuando los movimientos migratorios internacionales eran “buenos”, y se luchaba contra la Unión Soviética, pero pasaron a ser “malos”, cuando las migraciones son del Sur al Norte Global.
El Señor Trump no perpetró su crimen solo. Existe una masiva estructura de causas y efectos que llevaron a “naturalizar” y “hacer aceptable” estos crímenes. Dos décadas de tratar de destruir las instituciones, los marcos legales, la Constitución y las normas de Venezuela, todo con la finalidad de cambiar violentamente a un gobierno que no forma parte de la geopolítica de las potencias occidentales (es siempre por la geopolítica, siempre, el que dice lo contrario miente y engaña), ha permitido que todos los crímenes del Señor Trump contra Venezuela se den con impunidad, incluso hasta sin generar el nivel de rechazo e indignación que el posible hurto de Groenlandia está generando en la actualidad, por los hipócritas en la Unión Europea.
La barbaridad de las acciones de Washington contra Venezuela en el 2025, culminando con al atroz secuestro de dos líderes de la Revolución en el 2026, son toleradas por la “comunidad internacional”, a raíz del efecto acumulado de campañas de desprestigio y ataques continuos contra el país, a lo largo de las décadas, buscando deslegitimar la institucionalidad electoral y la economía del país. Quienes “lloran” por la soberanía de Groenlandia, se les olvidó que sus pecados contra Venezuela fueron los que ahora llevan a otros a decir: “No importa la barbaridad de las acciones gringas en Venezuela, ya que Maduro es “ilegitimo””.
El Señor Trump ya había iniciado una campaña de desprestigio contra Dinamarca y Groenlandia (con poca eficacia, seguramente, pero ya la había iniciado). ¿Hubiera sido esa campaña lo suficiente para justificar el hurto de ese territorio, como algunos justifican las masacres contra los venezolanos y el secuestro de su Presidente? El Señor Trump no es el único culpable de cómo se destruye el derecho internacional, también son todos quienes contribuyeron a las oleadas de ataques contra Venezuela, muy semejantes a las que sufren el pueblo iraní.
El problema fundamental del derecho internacional para las potencias occidentales, es simplemente el paso del tiempo. Quienes elaboraban el derecho internacional (los países occidentales), lo tomaron como “conductos” de su poder y sus intereses, para facilitar el dominio y la transferencia de las riquezas, a un bajo costo que no requiere de guerras prolongadas y ocupaciones. En el proceso de crear estas reglas, se codificaron en estas los intereses geopolíticos de los autores, definidos en ese momento de codificación. Con el paso del tiempo, cambian las realidades internacionales, los intereses y las dinámicas del poder, pero las reglas internacionales quedan “congeladas” con las realidades geopolíticas de su momento de origen, las cuales rápidamente suelen caducar y hacerse anacrónicas.
Las reglas internacionales que inicialmente sirvieron los intereses particulares de sus redactores, con el paso del tiempo llegan a perjudicar a estos, cuando las realidades geopolíticas cambian drásticamente, como siempre suele ser el caso. En virtud de lo indicado, y tomando en cuenta las profundas transformaciones estructurales del sistema internacional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y la Primera Guerra Fría, tiene mucho sentido que las potencias occidentales, o tratan de cambiar el derecho internacional y las organizaciones multilaterales, o pretendan que no existen. Cuando se codificó el genocidio como un crimen internacional en 1948, fue empleado eficazmente para acabar con el modelo fascista, y consolidar el modelo occidental. Pero ahora que uno de los aliados de los occidentales necesita perpetrar un genocidio para consolidar su hurto de tierras (Entidad Genocida), se hace necesario descartar esas reglas, por lo cual el derecho pasa de ser un instrumento de poder, a un estorbo para el ejercicio de este.
Es precisamente por esta razón que el derecho internacional y las organizaciones internacionales sufren hoy de un proceso de desarticulación, ya que no codifican las necesidades actuales de las potencias occidentales. Esto nunca fue un acto puntual, sino un proceso acumulativo, uno en el cual las potencias occidentales han sido y siguen siendo los actores principales, de manera colectiva, aunque el más beneficiado siempre será Estados Unidos. El Señor Trump y sus acciones actuales, son meramente expresiones más vulgares y autodestructivas de este mismo proceso, y nada “inédito” o “nuevo”.
Al escribir estas últimas líneas de este artículo, estamos escuchando que el Señor Trump en Davos decidió suspender su invasión a Groenlandia, y aceptar un “acuerdo” que muy probablemente sea idéntico al que ya existía con Dinamarca y Groenlandia. Tristemente, este retroceso no fue el destino para Venezuela, y nadie logró frenar la agresión contra su pueblo. Esto es producto de décadas de campañas y ataques contra el país, que generaron una “permisibilidad” para agredir el pueblo venezolano, botar el derecho internacional en la basura, y proceder con el “cambio de régimen a cualquier precio”. Trump no estaba solo cuando agredió a Venezuela y a su pueblo: con él, actuaron todos quienes generaron una inaceptable y vergonzosa tolerancia a las campañas para destruir a la Revolución Bolivariana, a lo largo de los años, y que, como producto de esto, tenemos ahora una “tolerancia” a lo que debe ser completamente intolerable. Son ellos, colectivamente, quienes están destruyendo el derecho internacional y el sistema posguerra, y luego estos mismos se ponen a “llorar” porque el único “verdugo” del orden internacional es supuestamente el senil, demente e inestable Señor Trump.





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