Breves Notas sobre el Proyecto de Anexión de Groenlandia
- khosomoso

- Feb 15
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Breves Notas sobre el Proyecto de Anexión de Groenlandia
Omar Hassaan Fariñas

El interés de Estados Unidos en incorporar Groenlandia no es nuevo. Washington intentó adquirir la isla cuatro veces: en 1867, 1910, 1946 y 1955, todas sin éxito. En los últimos años, el Ártico se ha convertido en un campo de batalla clave para los intereses estratégicos de Rusia, China y Estados Unidos, y el Señor Trump ahora pretende apoderarse de Groenlandia por completo, como parte de la actual Guerra Fría entre Washington, por un lado, y Rusia y China, por el otro.
Estados Unidos ha mantenido presencia en Groenlandia durante más de ocho décadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, con Dinamarca bajo ocupación nazi, el ejército estadounidense tomó el control completo de la isla. El acuerdo de 1951 entre Estados Unidos y Dinamarca, al que posteriormente se adhirió el Gobierno Autónomo de Groenlandia en 2004, le otorga a Washington el derecho a construir todas las bases militares que Estados Unidos desea, sobre el territorio danés, siempre y cuando Copenhague y Nuuk sean informados.
El cambio climático es quizás la razón principal de la nueva rivalidad geopolítica, en esta región que anteriormente era de poca importancia. El derretimiento del hielo está abriendo nuevas oportunidades económicas como igualmente posibilidades de ataques militares que anteriormente, durante la primera Guerra Fría, no eran posibles. Los hallazgos recientes sugieren que el océano Ártico podría quedar pronto sin hielo durante los meses de verano, a medida que el hielo multianual desaparece y el hielo estacional disminuye. La segunda capa de hielo más grande del mundo se está derritiendo de forma desigual, al igual que el hielo del océano Ártico.
Si bien el hielo del océano Ártico suele congelarse durante el invierno, en los últimos años no se ha congelado con tanta intensidad ni tan al sur como en el pasado. Según algunos modelos, la amplificación polar, la liberación masiva de metano debido al derretimiento del permafrost y una marcada disminución de las precipitaciones podrían crear un Ártico sin hielo, para el año 2030.
Esto, junto al despliegue de rompehielos nucleares avanzados rusos y chinos, aumenta la viabilidad de la Ruta Transpolar, un atajo a través del Polo Norte que acortaría miles de kilómetros la ruta entre los océanos Atlántico y Pacífico. Es más rápido que el Canal de Suez, y los buques no se limitan al tamaño del “Suezmax”, por lo que el comercio de China con la Unión Europea, e incluso con el resto del mundo, debería crecer aún más.
Rusia opera actualmente 34 rompehielos diésel y ocho rompehielos nucleares. China tiene cuatro rompehielos operativos. Estados Unidos posee dos barcos anticuados que requieren una amplia modernización y que, en términos marineros, podrían calificarse, en el mejor de los casos, de “destartalados”.
Moscú basa casi todos sus activos militares estratégicos en la península de Kola (en el extremo noroeste de Rusia). Ahí se encuentran los silos de misiles balísticos intercontinentales rusos, las bases submarinas y sus bombarderos estratégicos. Los submarinos chinos también podrían estar aventurándose bajo el Ártico, hacia el Atlántico Norte. Esto naturalmente representa un problema geoestratégico para Estados Unidos.
Cualquier posible ruta de vuelo (balística o de otro tipo) desde Kola a cualquier punto del paralelo 48 sur, necesariamente sobrevolaría Groenlandia. Esta isla podría formar parte de un futuro teatro de operaciones donde se llevaría a cabo cualquier intercambio estratégico entre Washington y Moscú. Para interceptar un misil balístico ruso, el mejor punto es el apogeo o la parte superior de la trayectoria de vuelo, que en este caso es donde se encuentra Groenlandia. La justificación oficial del Señor Trump para anexar a Groenlandia, es que dicha acción supuestamente permitirá a Estados Unidos resistir los ataques balísticos de Rusia y reducir su presencia naval en estas nuevas rutas. Esto, a su vez, contrarresta las ambiciones de Rusia y China.
Cabe destacar que China ya es el mayor mercado para los pescados y camarones de Groenlandia: aproximadamente el 90 % del PIB de Groenlandia proviene de la pesca, y China compra la gran parte de esta. En 2018, una de las constructoras más grandes de China, China Communications Construction Company Ltd, fue invitada por Nuuk a presentar una licitación para la construcción de dos grandes aeropuertos en Groenlandia, una posibilidad que el gobierno danés desestimó. En el 2023, Groenlandia abrió una oficina de representación en Pekín. Empresas privadas chinas han mostrado un gran interés en los recursos minerales de Groenlandia, incluyendo algunos de los mayores depósitos de tierras raras del mundo.
En base a todo lo indicado, ¿qué es precisamente lo que está buscando el Señor Trump? Pues, la retórica de los intereses geoestratégicos no justifica la postura agresiva: aunque los argumentos estratégicos sobre los misiles rusos son bastante válidos, lo que se requiere para abordar este tema es la modernización de la base estadounidense, y no la apropiación de la isla. Es como el tema del narcotráfico: se requiere más inversión en disminuir el mercado del consumo interno (en Estados Unidos), y muchos menos asesinatos de pescadores, en el Caribe y el Pacífico.
Como habíamos indicado en los párrafos anteriores, durante la II Guerra Mundial, Estados Unidos se apoderó de Groenlandia luego que Alemania ocupó a Dinamarca, pero al finalizar la guerra, la isla regresó a Dinamarca, y se le otorgó a la potencia anglosajona un muy amplio acuerdo para establecer todas las bases militares que se requieren. En el caso de una emergencia, Estados Unidos puede reocupar toda la isla, sin necesariamente tener la soberanía de esta. Luego de más de medio siglo, solo se requiere de una ampliación y un mejoramiento de la infraestructura existente.
La razón por la que los europeos desconfían de las intenciones del Señor Trump respecto a Groenlandia es que todos estos riesgos de seguridad pueden abordarse mediante acuerdos existentes. Estos no exigen que Groenlandia quede bajo soberanía estadounidense. Washington ya cuenta con la seguridad necesaria en Groenlandia, y las intenciones de la administración Trump casi con certeza se centran más en los recursos naturales, y quizás motivaciones mucho más mundanas y personales.
Si aplicamos la lógica narcisista y la aberrante avaricia que caracterizan al Señor Trump, nos podemos dar cuenta que las consideraciones geoestratégicas recién señaladas, son quizás secundarias, para la persona en cuestión. Desde el punto de vista de su ilimitada avaricia, luego de pretender hurtar y saquear los recursos de Venezuela, ahora quiere realizar lo mismo con los de Groenlandia, particularmente las famosas “tierras raras” que los chinos tienen a los estadounidenses humillados por estas. La otra clave, la del narcisismo, es aún más fácil para comprender: El Señor Trump quiere ser el primer presidente estadounidense en lograr lo que no se pudo en los años 1867, 1910, 1946 y 1955: arrancar otro pedazo de bienes raíces de otro país o nación, y así agrandar no precisamente a Estados Unidos, sino a su propio ser, su ego y su eventual legado. Y si el precio de esto pudiera ser el colapso de la misma OTAN, pues ¿qué importa? El Señor Trump nunca fue amante de la OTAN, y de los europeos que la conforman.





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